Mi viaje anónimo a nuestro lugar

Hoy me hallo en el mar desolado que dejamos tras huir uno del otro, con un sol que apenas crece, el aire apenas corre y no hay nadie, sólo cicatrices enormes y alguna que otra pintura en ese cielo partido en dos, espinas, rosas con espinas, rosas marchitas, cartas, cajas de recuerdos, fotografías enmarcando momentos contigo, todo allí, tirado, como si nada de eso nunca hubiese tenido un dueño o una realidad que reflejar.

Es un día para recordarte,
porque salía hacia mi futuro pero tu estabas ahí,
a las espaldas mías, en mi pasado,
pero hoy quiero recordarte.

Me hace llorar, pensar o querer creer que tu de vez en cuando viajas por aquí, que retomas a veces este lugar como si volviese a ser de los dos.

Alguien me lo ha dicho, viajas por aquí, en este inmenso mundo de añoranza y malestar sentimental.

No fue una persona, no fue que te espié y por eso sé, entrar entré con sumo cuidado, sin dejar huellas, dejando todo como estaba desde el último día que corrimos sin avisarnos, entrando sin miedo y allí, en el pequeño lugar donde nos veíamos encontré tus pisadas.

En ese paisaje hubo un sol, una lágrima feliz que temblaba cuando nos mirábamos, un cielo unido, un pasado austero de los dos, un presente maravilloso y un futuro amado, que había un montón de recuerdos con sentido, con pisadas unidos, de dos por dos, con un sólo motivo para despertarse; estar ahí pendientes como dos niños de la vida, de que el futuro nos preparaba para seguir juntos. Ese era aquel mundo; el de nosotros.

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