Lo que somos

Vengo a esperarte para toda una vida porque no estaba vendido en las esquinas que te esperaba, no eran sino los ojos soleados lo que quitaban mis noches de adolescencia, lo que de verdad me hizo sentirte por primera vez. Era niñez, era inocencia, ilusión de lo que me enseñaste; aprender a quererte y no a olvidarte.

Es más que una turbulencia de sentimientos, lo que siento, lo que de verdad me arrastra a este escrito. Esperarme en mi cama para pensar en Ti fue y es algo más que un hábito, un hecho que supuso muchos años de pensamientos, ideas y preguntas englobando siempre a esa tarea pendiente; amar con un corazón sin miedo.

He crecido, soy un hombre y el corazón ha ido junto a ti, regalándome maravillosos recuerdos empapados en ti, con sabores únicos en especie y con un corazón intacto al tiempo.

Porque me preguntaba que estabas queriendo cuando solamente veía una foto tuya y tu parecías responder, preguntarme qué sentía cuando me veía en el espejo, ¿dónde estabas tú?, ¿dónde estaba yo?.

Cuando han pasado un millón de horas, miles de días y un sentimiento, ¿qué es lo que se debería preguntar?

Nunca seremos una carta sin correspondencia, somos esa carta que vuelve al remitente porque el destinatario no estaba. Volverá la carta a nosotros pero siempre estará esperando en el buzón, siempre con el mismo contenido.

No es ninguna metáfora de lo que hablo, es el cansancio que arrastramos tantos años, con conversaciones a escondidas, con recuerdos mutuos y una ilusión que me lleva aquí.

Eres tú; mi París triste, mi Madrid vacía, mi Venecia esperando querer. Un mundo lleno de ciudades sin tiempo para dar lo que escondemos. Un querer y no poder, un poder y no vivir. Sigue siendo lo de siempre, saber de nosotros y acertar de nuevo en nuestro interior.

Mentiría si dijese que puedo hablar de ti, porque solo puedo hablar a través de mis ojos, lo que veían; una piel con escalofríos, unos nervios al hablar, de la sencillez que prendía todo.

Es el sentimiento inocente, de la lágrima alegre, de las manos juntas y todo ello mezclado con antiguos amores en nuestras propias vidas, siendo protagonistas en historias que no eran para nosotros, que no nos incumbían pero estábamos en ellas pensando con mucha probabilidad en uno y en el otro.

Somos esa probabilidad, un no sé que hacer contigo, un porcentaje que rompe todas las estadísticas que pueda hacer cualquiera. La probabilidad que trata de cómo acabará todo esto; si con el mejor de los finales, si con las peores lágrimas o si con el mejor recuerdo.

Jamás sabremos si es un si, si es un no, si de ese porcentaje somos unos más o por el contrario romperemos la vida con un soplo de ternura dado en los últimos suspiros.

Te recuerdo a Ti, allí, bajando de aquel portal y darte aquella rosa, recuerdo infantil tras mis ojos tímidos, temblaba y fui feliz. Tan feliz he sido que te aguanto dentro de mi, guardando las lágrimas para las películas románticas que acaban mal, por esa historia, que tu y yo guardamos en un simple recuerdo; Yo y Tu bajo una lluvia de momentos en una vida tan separados que estaban unidos por la misma línea que creamos. Separados y cerca.

Somos un beso a punto de dar, un amor invisible, una caricia a punto de sentirse, una vida entregada a la intriga, un sentimiento oculto, callado y que vive como avergonzado.

Solamente ese mundo sin terminar, un recuerdo vivo y a la misma vez…

frustrado.

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