Historias pendientes

El amor se encontraba triste, sucumbido en un cenit amargo, duro y con una inocencia resquebrajada. Las lágrimas estaban guardadas para el final, para entremezclar una ilusión que afloraba y una tristeza que ya era presente. Significó entender y aprender del uno y del otro.

La calle en sí se encontraba oscura, con las estrellas caídas y un camino empedrado que marcaban el surgir de un adiós: de dar las últimas pinceladas a un precioso cuadro a punto de terminar. Un doloroso paseo hasta el portal para decir adiós. Ellos no querían, no deberían haber llegado allí. Lo sabían pero jugaron con fuego. La esperanza fue así con ellos. Se les brindó la oportunidad de estar juntos por un tiempo y ahora era el momento de la huída, de decir adiós con el corazón. El hambre de cariño, la necesidad de echar de menos a alguien y de tener a ese alguien especial los llevó a quererse.

La espuma del mar, el sonido del violín al gritar que se quieren y el rasgueo de una guitarra sin afinar señalaron el adiós cruel y mezquino. La sensación de ver como una estrella estaba a punto de nacer desvaneció, explotó en el infinito para medio crear un mundo, un mundo con una base especial. Una historia con un adiós en el medio y posiblemente en su final. Serán sus ojos los que dominaron por completo esta historia, ¿Qué tendrá tu mirada? – preguntaba la chica – . Mirada inocente y curtida en la vida que ahora hacen de mi escribir esto.

El adiós supuso un adiós. Con tal cantidad de dudas que en la primera batalla ya quedaron sin responder. Se quedó todo a medio terminar. Se acabó.

Quedaron y quedarán pendientes, como los te quiero a medio pronunciar, como la vida a medio crear, como la historia que les seguirá en aquella calle.

Eran la inspiración a punto de crear, el camino a medio recorrer, las ganas de querer y  confiar. Eran la historia que quedó olvidada en sus interiores.

La vida, para decirse adiós convirtió el recuerdo en lágrimas, que secaron el miedo que quedó a medio derrumbar, de las flores que llevaron en sus pétalos cada agradecimiento que se tuvieron que dar mirándose a la cara, pétalos que quedaron y quedarán pendientes.

Las historias pendientes que resurgen cuando das el abrazo a otra persona o cuando besas a otra, todos tenemos una.

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El miedo es frío

El chico se levantó de aquel sofá. Algo triste, melancólico y con el pelo alocado. La situación era difícil de explicar. Se levantó en la casa de aquella muchacha que le estaba ayudando a buscar piso. Las cosas, quizás estaban muy frías, no sólo por el país donde estaban sino porque la relación entre ellos estaba empezando a serlo. Para él, aquello suponía el regreso, turbio pero regreso, la segunda parte de su huída y para ella no era nada más que su día a día. Una vida normal mezclada con alguien que quiere huir.

– ¿Qué tal te has levantado?

– Bien, gracias.

Estoy muy orgullosa de tu actitud, alguien en tu misma situación hubiese vuelto y hubiese dejado todo a medio hacer. Estás ahí, con tus pequeñas manos frías, sin casa. Consiguiendo y perdiendo a la misma vez todo. Éxito y fracasos. Estoy al tanto de tu vida. 

Lo sé, gracias.

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