El dibujo de los monigotes

Desde pequeños se nos enseña en una clase de preescolar unos dibujos en los que salen unos monigotes de diferentes colores: un negrito, un chinito, un europeo, un americano y otros varios. Todos ellos cogidos de las manos y con un gran mundo en el medio, que con el lema “Todos somos iguales” la profesora nos intenta decir eso: Independientemente de nuestro color, raza, cultura o religión somos iguales entre unos y otros.

La foto que veis arriba pertenece a un barrio de Cracovia, que está alrededor de 40 minutos del centro en tranvía. Es la última parada del tranvía 8, “borek fałęcki” se llama. Es un sitio donde nadie va, exceptuando la gente que vive allí. Con gente que nadie va me refiero a extranjeros y turistas. Y yo ¿Qué hacía allí?

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La mirada inolvidable (PARTE 1)

PARTE 1

“El viernes inolvidable”

Él volvió a enmascarar su inocencia al recoger las cosas de su trabajo para volver a casa. El turno del hostal donde trabajaba ya había acabado. Serían las 8:30 de la mañana y presentaba un resfriado que estaba a punto de aparecer. Su madre, siempre le decía que en sitios tan fríos, como en el que estaba, no debía ventilar la habitación estando él dentro, pero aún así, ahí lo tenéis, con el típico dolor en la garganta. Más que en la garganta la dolencia se podía encontrar en otra parte. Suelen decir que cuando te encuentras bajo de defensas enfermas con más facilidad. El dolor físico debe estar relacionado con el estado anímico; estás mal y parece que tu cuerpo lo manifiesta enfriándote la garganta. Quizás este era el máximo ejemplo de esta teoría y que por mucha naranja que se estaba tomando de nada sirvió.

Era Lunes por la mañana y salía del trabajo algo cabizbajo. Lo sorprendente de todo esto es que lo que había pasado durante el fin de semana lo llamó “inolvidable”. Lo comentó con su mejor amigo en la noche mientras estaba en su turno del que salía esa mañana, siempre que ocurría algo así la ilusión despertaba en él. La ilusión de “quizás es ella” hacía enrojecer su cara, sobretodo, cuando todo se sale del protocolo, de lo normal.

Él era así: a veces sin solución y otras pensaba que daba miedo por como era con la gente, que no había nada que hacer – que una vez más había perdido – Ya era bastante mayor como para darle tanta vuelta en su cabeza a ese tema una vez más. No era momento de regalar una rosa que, aunque tuvo la oportunidad de haberla regalado en ese fin de semana, la timidez y la no inocencia pudo con él. “Maldita madurez” pensó muchas veces.

Pero, ¿Qué le hizo llamarlo “inolvidable” para después estar tan cabizbajo? Quizás sería lo que pensó justo después de haberle mandado “el mensaje definitivo”.

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Como una nube que estuvo en su cielo

Resulta bastante esperada la humildad, la honestidad en cada uno de nosotros, de lo que sale de dentro de nosotros, de ti, de mí, de aquel o aquella; son las pequeñas nubes que van pasando de cielo en cielo, de persona en persona.

Somos una nube con buenas intenciones, algunas nubladas que nos nublan (perdonen la redundancia) y cada una de nuestras buenas acciones son las motas de polvo que conforman nuestra pequeña (o gran) nube.

De la misma manera que debes preocuparte cuando tu cielo está demasiado nublado, lo deberías también cuando te falten nubes.

Da igual que tu nube sea pequeña siempre hay tiempo para engordarla y llegar a ser una gran nube, sólo hay que hacer lo correcto: el bien, lo que nos diferencia, lo que pienses que es correcto, empezando por ser honestos con nosotros mismos.

Cuando conozcas a un cielo nuevo y te toque hacer de nube, quédate sin miedos, disfruta el momento con ese cielo, con ese sol que te está prestando, sonríe, llora, alégrate porque tienes una instancia por un tiempo o quizás ya para toda la vida. Aprovecha ese cielo para engordar tu nube, para que tus motas de polvo se merezcan esa instancia. Sé buena persona y consigue aunque sea que ese cielo esté más de 1 semana (o el tiempo que haga falta) encendido por su sol, que tú seas la culpa de esa luz.

Pero cuando sepas, cuando seas honesto contigo mismo y sepas que tu tiempo en ese cielo ya ha pasado, muévete. Cada uno tenemos un horario, un horario que alguien pone y que cada uno debe saber cuando tu tiempo es el que ha terminado y debes marchar como nube. No hace falta que diga que ese horario no son simplemente unos números que marcan una hora – son algo más – : hechos, personas, momentos, situaciones o sentimientos. De ese horario hablo.

Quizás estés cogiendo demasiado cariño a ese cielo y consigas sentir amor, quizás el mismo tiempo físico que os acompaña día a día no te deje estar más ahí o simplemente ya ha pasado, será cuando te sinceres contigo mismo, reflexionas y decidas marchar, una marcha que para nada es triste, es natural y buena.

A veces puede ser que la realidad que piensas es bastante distante a la realidad“realidad” porque, quizás en otra vida, en otro camino, tu seas la nube principal de ese cielo pero esta que te ha tocado no ha sido.

Es conocer la conmoción y la frustración de lo que tú, como inocente nube, crees y no es, y aún así, diferénciate del resto, no des pataletas ni te hagas notar, serás un pesado y sólo lograrás nublar ese cielo que hace un tiempo lograste encender, como digo, sé honesto contigo mismo y con el cielo de esa persona.

Y cuando tu tiempo halla terminado, no olvides en que cielo estuviste porque fue maravilloso esa instancia que te regaló esa persona, no lo dudes en ningún momento, disfrutaste haciendo las mil y una tonterías que hicieron que su sol brillase por algo más que una hora, con eso debes de estar satisfecho.

No hace falta que dejes una carta, ni siquiera intercambiar una pulsera o hacer un regalo cuando te toque marchar, créeme no la necesita, simplemente haz una foto de tu nube y cuélgasela en su cielo, para que te recuerde cuando ya no estés.

Será muy conmovedor cuando pasen los años y ese cielo pregunte por aquella nube que pasó.

Y más conmovedor será cuando esa nube de buena honestidad y buen hacer eras tú porque para entonces tu nube será más grande.

O quizás ese cielo te vuelva a reclamar para quedarte para siempre.

Sé honesto contigo mismo.

See you in memories.