Te quiero tardío

Ella no se esperaba nada. Tenían que verse en un encuentro algo amargo. Esta vez había que hablar mucho, sobretodo, por la discusión de días anteriores. Su historia era un chocolate amargo que cuando lo mordían les recordaba que el gusto es diferente al chocolate con leche, eran y son una historia con miedo.

El chico había preparado una carta para ella. Necesitaba dar portazo a aquella relación, le estaba consumiendo por dentro. La nobleza de las palabras y de cómo lo habían educado le llevaron a ello: escribir una carta. Siempre lo hacía, cuando notaba que una relación de amistad o de amor se estaba acabando. Él lo sentía, había llegado el momento.

La razón de este tipo de cartas es que, el muchacho, quería demostrar al mundo la otra parte que nadie ve. La parte en que sigue habiendo gente buena que no vive con frío y miedo. Era una manera de hacer enseñar que podía aprenderse de aquello que, aunque lo suyo se había acabado, había que dar la moraleja de la relación sino, esa historia no significaría nada.

La chica triste recibió en sus manos la carta:

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¿No os parece increíble?

Quizás la fe ha quedado algo anticuada pero aún sigue existiendo. La fe es algo con lo que tenemos que convivir. Hay gente que le gusta reconocerla y a otras que no. Yo soy de los que dice que la fe es algo muy íntimo, algo tan íntimo que responde a un dios que nosotros mismos creamos. Ese dios es tu razón, te mueve a rezar en las acciones que haces, en confiar en ti mismo y a poner los acentos en las palabras que conforman tu historia. ¿No es increíble que tu propia vida responda a una gran novela?

La música de tu vida, quizás las notas más importantes, la dan aquellas personas con las que decides compartir la mayor parte de tu tiempo. Tienes algo en tu interior que mostrar, que enseñar y dejar a las personas disfrutar con tu magia. Nacemos desnudos, nos invitan a vivir de manera independiente para acabar muriendo solos. ¿No es increíble que siga habiendo gente que confíe en vivir juntos?

Vivimos en un mundo que, sin armonía ni paz, se mueve bajo la música de unos violines que suenan deprisa. Haciendo de todo ello un mundo horrible incluso inhabitable. La vida hecha supervivencia, dicen algunos. ¿No es increíble que bajo ese mundo se encuentren miles de historias fuera del alcance de tu mirada?

Pero, aún así, el mundo se sigue moviendo. Con música o sin música. Con fe o sin fe. Con soledad o alegría. Con razón o sin razón. Se mueve despacio dando saltos gigantescos en cualquier vida.

El mundo se ha quedado pequeño para el amor pero aún sigue habiendo montañas que se están moviendo por esa razón.

¿No es increíble?

Lo increíble es ver, tocar y sentir. Y nadie se ha dado cuenta de eso.