La cafeína de tu café no está mezclada con la leche

Notas del autor: Las conversaciones entre dos grandes amigos siempre son enriquecedoras para nuestra mente pero no siempre en nuestro corazón. Nos llaman, dicen de quedar y aceptas… No sabes porqué pero la quedada la conviertes en una cita mentirosa que te crees solamente tú. La historia que te traigo hoy es esa conversación que se pierde en los murmullos de una cafetería. No paras de observar al que tienes en frente, directamente a sus ojos, dándote igual el contenido de sus intenciones, no porque no te interesa sino porque quieres besarlo.

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Un fuerte saludo.

Nos vemos en los recuerdos.

La mejor tortura es mi reloj, por un lado las agujas de una mortal inyección y por la otra los nervios de las en punto. Todo ocurre en la cafetería que nos espera siempre; ella misma me cuenta que el tiempo es una tonelada cuando me toca esperarte.

Fuera está lloviendo y son mis ojos el paragüas que no quiero abrir. Desde casa, me preparo con una guitarra bien afinada, como esperando el 1,2,3 y 4 de un concierto, pero traes a una orquesta como batallón en contra de mis sentimientos.Traigo una gran canción que no te tocaré.

Llegaste y no pasas desapercibido para todo lo que considero bello en mi alrededor.

Hablas de lo que te agitan las palabras de Madrid, 
del alma libre de su madrugada, de sus dotes y de sus quehaceres.

Me asustas cuándo miras al camarero para irte, la propina no la darás y debería ser tu mirada por mí; cuesta menos y seguro que te ayuda a final de mes.

En el ajetreo de esta cafetería me resulta más fácil disimularte.

Te pregunto si sabrías decirme la diferencia entre amor y obsesión, no te lo digo con palabras sino con emoción. Tu café es demasiado amargo para contestarme – me digo -, mis labios tienen ese sabor a café bombón que no entiendes y, sin embargo el cortado no eres tú.

Tu taza está caliente, tiene un sobre que agitar que no haces caso y una cuchara que ayuda a removerte. No pares de hablar que te canto, repito, que te canto.

A la mía no le hago ni caso.

Ni a mi taza ni a mis palabras y menos al café.

Sigues hablando.

Hablas de lo mal que te va, de tus pequeños logros que son conquistas de mi mundo. Hablas de un imperio caído, de una de las 500 noches de Sabina, gemidos y de un hambre que no sacias porque no te da la gana… Ya no sé de que hablas porque veo una boca que tocar.

Hablas de estaciones que no tienen mi nombre, de paradas que quedan lejos de mi apellido. Te sientas en el metro, no te fijarías en mi delirio y, menos aún en mi romance contigo.

Hay algo diferente cuando te tomas el café,
lo pides sólo, sin azúcar, pero le reclamas buena compañía.

La cafeína de unos cuerpos que nunca querrían dormir… Eso…

Eso..

Eso es lo que podríamos sentir.

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6 thoughts on “La cafeína de tu café no está mezclada con la leche

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