¿De quién estás hecho?

Notas del autor: ¿De quién estás hecho? Todos tenemos ese antes y después, lo que estaba lleno y ahora está vacío. Recorremos la vida sin pararnos a pensar, yo me paré y saqué esta conclusión. Nos criaron nuestros padres con la mejor de las mejores decisiones y, sin embargo nosotros, como pájaros que vuelan salen a encontrarse con esas emociones, esas emociones que conforman tu personalidad.

Este es el video relato en el que he estado trabajando durante el fin de semana, hecho con mucho mimo y sazonado con un simpático acento andaluz.

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Un fuerte saludo.

Nos vemos en los recuerdos.

¿Por qué te duele tanto?

Notas del autor: Siempre se ha dicho que el corazón debe ir correlacionado con el cerebro y viceversa, cuando no ocurre algo va mal en tu interior. Es esa fuerza invisible, monstruosa y que no tiene piedad contigo lo que traigo hoy. Una realidad alternativa que convive en nuestro interior, desatada cuando paramos y hacemos resumen. No sabrás hasta que leas si hablamos de lo mismo, si hablamos de una emoción, de un sentimiento o de una enfermedad. 

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Historias pendientes

El amor se encontraba triste, sucumbido en un cenit amargo, duro y con una inocencia resquebrajada. Las lágrimas estaban guardadas para el final, para entremezclar una ilusión que afloraba y una tristeza que ya era presente. Significó entender y aprender del uno y del otro.

La calle en sí se encontraba oscura, con las estrellas caídas y un camino empedrado que marcaban el surgir de un adiós: de dar las últimas pinceladas a un precioso cuadro a punto de terminar. Un doloroso paseo hasta el portal para decir adiós. Ellos no querían, no deberían haber llegado allí. Lo sabían pero jugaron con fuego. La esperanza fue así con ellos. Se les brindó la oportunidad de estar juntos por un tiempo y ahora era el momento de la huída, de decir adiós con el corazón. El hambre de cariño, la necesidad de echar de menos a alguien y de tener a ese alguien especial los llevó a quererse.

La espuma del mar, el sonido del violín al gritar que se quieren y el rasgueo de una guitarra sin afinar señalaron el adiós cruel y mezquino. La sensación de ver como una estrella estaba a punto de nacer desvaneció, explotó en el infinito para medio crear un mundo, un mundo con una base especial. Una historia con un adiós en el medio y posiblemente en su final. Serán sus ojos los que dominaron por completo esta historia, ¿Qué tendrá tu mirada? – preguntaba la chica – . Mirada inocente y curtida en la vida que ahora hacen de mi escribir esto.

El adiós supuso un adiós. Con tal cantidad de dudas que en la primera batalla ya quedaron sin responder. Se quedó todo a medio terminar. Se acabó.

Quedaron y quedarán pendientes, como los te quiero a medio pronunciar, como la vida a medio crear, como la historia que les seguirá en aquella calle.

Eran la inspiración a punto de crear, el camino a medio recorrer, las ganas de querer y  confiar. Eran la historia que quedó olvidada en sus interiores.

La vida, para decirse adiós convirtió el recuerdo en lágrimas, que secaron el miedo que quedó a medio derrumbar, de las flores que llevaron en sus pétalos cada agradecimiento que se tuvieron que dar mirándose a la cara, pétalos que quedaron y quedarán pendientes.

Las historias pendientes que resurgen cuando das el abrazo a otra persona o cuando besas a otra, todos tenemos una.

Ayer te soñé

Ayer te soñé en la soledad que dejamos.
Vestido negro y sonrisa de ángel.

Ayer te soñé y me senté a tu lado.
Suspiré al encontrar tus ojos.

Ayer te soñé y hablamos.
La vida es vida nos dijimos.

Ayer te soñé y reímos,
pero el silencio hizo pestañear nuestros ojos atentos.

Ayer te soñé y las manos se empuñaron.
La lucha de cómo pedirnos perdón.

Ayer te soñé y se escapó,
la pregunta inocente de qué hicimos mal.

Ayer te soñé y nos lamentamos.
El abrazo en un sueño es tan imaginario como doloroso.

Triste historia, noche hecha melodía y sueño tragado en melancolía.

Son los latigazos que da el amor a las noches.

Echar de menos en un sueño es para recordarte que hubo un mundo construido con alguien y te engañabas olvidándolo.

Te viví, te amé y te soñé.

Aquella frase triste

Es la parte de mi que te recuerda, cuando el sol está nevado y las sombras se han allegado a mi, cuando recuerdas aquella estampa en aquel final.

Lo has pasado duro, has huido, has maldecido, has llorado y te has malherido. Es aquí donde te has llegado tu mismo, en frente tuya, justo ahí, con tan sólo mirar al infinito de una estrellada pared, estás ahí.

Con necesidad de huir hacia algún lugar te has topado con este final verdadero, el de los recuerdos enturbiados con un mar enfrente de ti.

Frente a mi, el mar, dislocando el viento aquel sentido, sintiendo su frío susurro bajo mis melancólicos oídos. Con mi ropa moviéndose delante del mar, como si el viento de verdad quisiera quitármela pero no puede.

Golpes del mar, peripecias de un viento que juega enturbiado mientras lo ves todo desde arriba, viendo que todo aquello ya no es superior a ti o es lo que crees.

El imponedor mar no tiene sentimientos, te hará verte, te hará recordar incluso te hará llorar delante de el. Y allí es cuando te paras a pensar como has llegado aquí, dejando atrás la vida enamorada y encontrándote frente a el. Dentro de ese mar estamos tu y yo, en esa pequeña inmensidad.

Esta ha sido la verdadera huida, un camino que te ha traído de nuevo aquí, justo donde comenzaste, llámalo huída, llámalo paréntesis, llámalo de la mejor forma que crees pero es un mar triste, ahogado en pena que diluye la realidad para llevarte ahí.

Sólo así te has dado cuenta que después de aquel te odio encubierto quedaba algo más que decirte frente a ese mar. Algo superior a un soporífero “te amo” y más que a un deseado “te quiero” de verdad.

La espina que tienen todos los mares cuando nos despedimos. Aquella frase triste que quise decirte antes de dejar aquel mar y que ahora me trae aquí sin permiso…

Te llevaré dentro de mi.

 

Mi viaje anónimo a nuestro lugar

Hoy me hallo en el mar desolado que dejamos tras huir uno del otro, con un sol que apenas crece, el aire apenas corre y no hay nadie, sólo cicatrices enormes y alguna que otra pintura en ese cielo partido en dos, espinas, rosas con espinas, rosas marchitas, cartas, cajas de recuerdos, fotografías enmarcando momentos contigo, todo allí, tirado, como si nada de eso nunca hubiese tenido un dueño o una realidad que reflejar.

Es un día para recordarte,
porque salía hacia mi futuro pero tu estabas ahí,
a las espaldas mías, en mi pasado,
pero hoy quiero recordarte.

Me hace llorar, pensar o querer creer que tu de vez en cuando viajas por aquí, que retomas a veces este lugar como si volviese a ser de los dos.

Alguien me lo ha dicho, viajas por aquí, en este inmenso mundo de añoranza y malestar sentimental.

No fue una persona, no fue que te espié y por eso sé, entrar entré con sumo cuidado, sin dejar huellas, dejando todo como estaba desde el último día que corrimos sin avisarnos, entrando sin miedo y allí, en el pequeño lugar donde nos veíamos encontré tus pisadas.

En ese paisaje hubo un sol, una lágrima feliz que temblaba cuando nos mirábamos, un cielo unido, un pasado austero de los dos, un presente maravilloso y un futuro amado, que había un montón de recuerdos con sentido, con pisadas unidos, de dos por dos, con un sólo motivo para despertarse; estar ahí pendientes como dos niños de la vida, de que el futuro nos preparaba para seguir juntos. Ese era aquel mundo; el de nosotros.