Te quiero tardío

Ella no se esperaba nada. Tenían que verse en un encuentro algo amargo. Esta vez había que hablar mucho, sobretodo, por la discusión de días anteriores. Su historia era un chocolate amargo que cuando lo mordían les recordaba que el gusto es diferente al chocolate con leche, eran y son una historia con miedo.

El chico había preparado una carta para ella. Necesitaba dar portazo a aquella relación, le estaba consumiendo por dentro. La nobleza de las palabras y de cómo lo habían educado le llevaron a ello: escribir una carta. Siempre lo hacía, cuando notaba que una relación de amistad o de amor se estaba acabando. Él lo sentía, había llegado el momento.

La razón de este tipo de cartas es que, el muchacho, quería demostrar al mundo la otra parte que nadie ve. La parte en que sigue habiendo gente buena que no vive con frío y miedo. Era una manera de hacer enseñar que podía aprenderse de aquello que, aunque lo suyo se había acabado, había que dar la moraleja de la relación sino, esa historia no significaría nada.

La chica triste recibió en sus manos la carta:

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La mirada inolvidable (PARTE 1)

PARTE 1

“El viernes inolvidable”

Él volvió a enmascarar su inocencia al recoger las cosas de su trabajo para volver a casa. El turno del hostal donde trabajaba ya había acabado. Serían las 8:30 de la mañana y presentaba un resfriado que estaba a punto de aparecer. Su madre, siempre le decía que en sitios tan fríos, como en el que estaba, no debía ventilar la habitación estando él dentro, pero aún así, ahí lo tenéis, con el típico dolor en la garganta. Más que en la garganta la dolencia se podía encontrar en otra parte. Suelen decir que cuando te encuentras bajo de defensas enfermas con más facilidad. El dolor físico debe estar relacionado con el estado anímico; estás mal y parece que tu cuerpo lo manifiesta enfriándote la garganta. Quizás este era el máximo ejemplo de esta teoría y que por mucha naranja que se estaba tomando de nada sirvió.

Era Lunes por la mañana y salía del trabajo algo cabizbajo. Lo sorprendente de todo esto es que lo que había pasado durante el fin de semana lo llamó “inolvidable”. Lo comentó con su mejor amigo en la noche mientras estaba en su turno del que salía esa mañana, siempre que ocurría algo así la ilusión despertaba en él. La ilusión de “quizás es ella” hacía enrojecer su cara, sobretodo, cuando todo se sale del protocolo, de lo normal.

Él era así: a veces sin solución y otras pensaba que daba miedo por como era con la gente, que no había nada que hacer – que una vez más había perdido – Ya era bastante mayor como para darle tanta vuelta en su cabeza a ese tema una vez más. No era momento de regalar una rosa que, aunque tuvo la oportunidad de haberla regalado en ese fin de semana, la timidez y la no inocencia pudo con él. “Maldita madurez” pensó muchas veces.

Pero, ¿Qué le hizo llamarlo “inolvidable” para después estar tan cabizbajo? Quizás sería lo que pensó justo después de haberle mandado “el mensaje definitivo”.

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Perdón a un mundo que conocí

“Perdón a un mundo que conocí” es un relato, el cual se puede descargar en el enlace de abajo, tiene un contenido de 4 páginas en las que cambiando un poco de temática a lo que suelo escribir y adentrándome a nuevos estilos como es el relato, cuento la historia de como la suerte puede hacer que tu conciencia no se quede tranquila, aún sabiendo que pasa o no pasa en un mundo que al parecer queda desolado por alguna razón.

Espero que os guste.

enriquear.

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